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27/03/06
PERIODISMO EN DEBATE

Prensa argentina: sin autocrítica y con 85 desaparecidos


Eduardo Blaustein es periodista y escritor, y ha sido coautor junto a Martín Zubieta del libro Decíamos ayer, la prensa argentina bajo el Proceso.
  Carlos Rodríguez es periodista de Página 12, trabaja en la universidad de las Madres de Plaza de Mayo y en el Servicio Paz y Justicia que preside el premio Nóbel argentino Adolfo Pérez Esquivel. Cuando se produjo el golpe de 1976 trabajaba en la agencia estatal de noticias TELAM.
  El Círculo de la Prensa es la primera institución de Argentina volcada a la formación de periodistas. Con un pasado conservador, hoy la casa de estudios es una cooperativa, y cuenta con activa participación de los alumnos a través del Centro de Estudiantes.
   Dos protagonistas y un escenario impensado años atrás para hablar sobre el rol de periodistas y medios durante la dictadura.
  Blaustein y Rodríguez estuvieron charlando con los estudiantes del Círculo de la Prensa sobre el rol de los medios y periodistas durante la dictadura y Periodismo Social participó del encuentro y entrevistó a los colegas. El nombre de Sibila Camps surgió en el debate, como una de las periodistas que hacía resistencia cultural desde la prensa gráfica. Por eso, también su testimonio acompaña esta nota.
  Y los colegas del Círculo Sindical de Córdoba comparten con nosotros testimonios de trabajadores de prensa de esa provincia que aparecen en la publicación Umbrales de ese gremio.


En los medios, ni culpas y ni arrepentimientos

"¿Cómo un actor social tan importante como los medios no hizo su autocrítica sobre el papel que jugó durante la dictadura?", se pregunta Eduardo Blaustein. Y se contesta: "No lo hacen porque algunos creen que obraron bien, y otros por estrategia de marketing que le dirá que no es el momento oportuno".
La aparición de libro significó para Blaustein no trabajar más en los medios (Ver entrevista). Reconoce que era conciente del riesgo "pero era como cubrir una fiesta negra".

 Y esa "fiesta negra" que describe Blaustein contó con consenso social. Carlos Rodríguez lo evoca así: "El golpe llega en un momento de violencia social y la prensa influye mucho creando el consenso necesario para que los militares lleguen al poder".
"Incluso -agrega Blaustein- hubo prensa que le dio a los milicos argumentos más inteligentes para justificar al golpe".

  Ni autocrítica externa, ni autocrítica interna de los medios. Es el escritor Osvaldo Bayer, quien era secretario general de la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (APBA) en marzo de 1976, constata una vez más esa realidad, desde Umbrales. Hace unos meses, en el salón de los pasos perdidos del Congreso de la Nación, "hicimos un homenaje a los periodistas desaparecidos -evocó-. Ochenta y cuatro. Jamás ninguna empresa periodística hizo un homenaje a esos hombres de sus redacciones...".

"No hacer prensa prontuaria"

Cuando los estudiantes le preguntan a Blaustein y González sobre determinados colegas y sus papel durante los años del proceso, los dos se apuran en diferenciar empresas mediáticas por un lado, y periodistas por otro, "porque lo importante es hacer un análisis global", dijo el periodista de Página 12.

"No hay que hacer prontuarios de los colegas y no creo en la culpabilidad colectiva", aportó Blaustein.

 Ambos recordaron que trabajar en los medios en los `70, oponiéndose y resistiendo a los militares, no implicaba quedarse sin trabajo: era, directamente, la antesala de la muerte. "No creo que todos seamos culpables, la mayoría fuimos víctimas. ¿Por qué no salíamos a la calle?, ¿con quién y cómo? ¿para morir?", pregunta González.


  Ernesto Ponsati estaba al frente del gremio de prensa de Córdoba en 1976. Ahora dirige la publicación Hoy Día Córdoba y cree que "más que culpa, los periodistas sentimos una responsabilidad colectiva frente a todo lo que ocurrió. Siento que todavía los periodistas no hemos debatido profundamente sobre el papel negativo que jugamos en aquel tiempo, y en cuanto al plano personal, reconozco que no tenía asumida la disposición que ya se manifestaba en la sociedad para hacerse cargo del golpe".

La periodista Sibila Camps, ahora en Clarín, plantea algunos interrogantes: "No sé si es autocrítica lo que deberían hacer los medios y/o los periodistas. En el caso de los periodistas, si quienes deberían hacerla aún no lo hicieron, creo que tampoco sirve que la hagan ahora: ¿Quién les creería? En el caso de los medios, la cuestión es mucho más compleja.¿Quién debería hacer la autocrítica? ¿El dueño del medio? ¿Los periodistas que trabajaban entonces allí y ahora están en otro medio o jubilados, o ya murieron? ¿Los que trabajan ahora, que en aquella época eran niños? Hubo periodistas que, en medios en manos del gobierno militar o con una orientación complaciente, hicieron sin embargo la tarea más digna que pudieron. ¿Deben hacer autocrítica por continuar trabajando en ese tipo de medios? Hubo muchos medios que entonces estaban en manos del gobierno militar; ¿tiene sentido pedirles ahora una autocrítica? Otros, como La Opinión, estuvieron intervenidos por los militares, y ni siquiera existen más.
En todo caso, más que una autocrítica, cabría un profundo análisis contextualizado".

 

Resistencias y estrategias

   Exiliarse, cambiar de trabajo, bajar el perfil, trabajar en medios con baja exposición o cambiarse de sección eran algunas de las estrategias que los periodistas utilizaban para sobrevivir. Recursos expresivos como pegar los comunicados militares enteros, sin editar o elaborar, también era una opción.
  Miedo a utilizar palabras como desaparecidos, represores, Derechos Humanos formaba parte de la realidad de las redacciones.
  En distintas provincias de Argentina, voces solitarias se animaban a vencer la censura y la autocensura.

  Desde Córdoba, Stival recordó que "contados periodistas no toleraron la censura y se jugaron. Emilio Mariano Jáuregui se jugó antes del golpe y lo mató la Triple A. También lo hizo Rodolfo Walsh, él se animó a decir las cosas. Junto con él, rescato a Horacio Verbitsky, quien hizo un intento de difundir lo que padecía el pueblo argentino. Walsh acabó muerto y Vertbisky exiliado. Hoy creo que muchos debimos animarnos a decir cosas. Si ellos pudieron hacerlo, nosotros también pudimos haberlo hecho.Mi refugio y el de algunos compañeros fue el periodismo deportivo. Esto no nos impedía ver cómo se manipulaba la información..."

(Ver testimonio de Sibila Camps)

(Ver nota sobre Rodolfo Walsh)

  
Compartir y proyectar

"A mí no me cuesta hablar de la dictadura, me cuesta dolor hablar de algunas cosas, pero tenemos que hablar para defender el valor que hoy tenemos. Aunque sea una democracia achicada, la tenemos que defender", afirma Carlos Rodríguez.

-¿Nos cuesta a los periodistas hablar de la dictadura?

-No es mi caso. Yo hablo de este tema dentro de un grupo que se llama Metaprensa donde confluimos periodistas despedidos y otros que estamos trabajando, que hemos pasado por distintas experiencias. Incluso hay periodistas jóvenes y otros con mas experiencia. Discutimos sobre la profesión hoy, no solo de aquellos años, porque hoy tenemos un montón de limitaciones, tanto en Argentina como en otros países.

  Para Blaustein  "es difícil transferir sensaciones de generación a generación, no es fácil. Por entra por un lado racional y esto funciona también emocionalmente, pero me gusta mucho compartir con los más jóvenes".

  Por su parte,  Stivel cree que "no se trata hoy de rasgarse las vestiduras y juzgar con ojos del 2006 lo que los medios hicieron entre 1976 y 1983. Lo más útil sería desnudar los mecanismos por los cuales algunos medios manipularon tanto la opinión pública de entonces y lo siguieron haciendo después. Sin ir más lejos, si releemos los diarios (de la radio y la televisión hay menos documentación o no es tan accesible) de la década del '90, se verá que con las privatizaciones y la convertibilidad ocurrió algo similar a lo sucedido con la dictadura o con la guerra de Malvinas: los medios impusieron una agenda tan férrea, mediante un esquema de dominación ideológica brutal, que era imposible oponérseles. Todo aquel que intentaba hablar contra las privatizaciones, era descalificado.
Nuevamente los medios impusieron un discurso único, con mecanismos distintos pero con efecto similar al de la dictadura. Incluso si uno ahonda un poco más, comprobará que aquella prensa que tuvo un papel decisivo en todos los golpes de estado desde 1966 en adelante, fue la misma que luego, con Bernardo Neustadt a la cabeza, impulsó las privatizaciones, la venta del país al exterior y toda la entrega que representó el menemismo".

Agradecimiento: Círculo Sindical de la Prensa de Córdoba

Más información: http://www.diariosobrediarios.com.ar/dsd/diarios/hoy/zona_dura.asp

                           http://mediosydictadura.org.ar/nuestrapropuesta.htm 


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